Sábado, 28 de noviembre de 2009.
El pianista uruguayo Edison Quintana, ofreció un recital en el Antiguo Palacio de Medicina, qué se encuentra en la esquina de República de Brasil y República de Venezuela, justo frente a la plaza de Santo Domingo; interpretando algunas piezas conocidas de grandes compositores como lo son: Bach, Liszt, Chopin y el mexicano Ricardo Castro.
El programa del recital estuvo dividido de la siguiente manera:
Johann Sebastian Bach:
Partita para clave n° 2 en do mayor, BWV 826
I. Sinfonia (Grave adagio – Andante – Allegro)
II. Allemande
III. Courante
III. Courante
IV. Sarabande
V. Rondeaux
VI. Capriccio
Fryderyk F. Chopin:
Balada para piano n° 4 en fa menor; op. 52
Balada para piano n° 1 en sol menos; op. 23
INTERMEDIO
Ricardo Castro:
Vals capricho, op. 1
Ferenc Liszt :
Nocturno n° 3, Sueño de amor (Liebesträume)
Gran estudio según Paganini n° 2 en mi bemol mayor
Gran estudio según Paganini n°3 en sol sostenido menor. La Campanella
Éste fue el programa del que creí seria un magnífico concierto (dado el renombre del pianista) pero me equivoque; en la partita de Bach tuvo errores casi imperceptibles a lo largo de la ejecución, que fue sin duda aceptable y hasta convincente para mí y mi acompañante, lo que sí fue inaceptable fue la ejecución de las baladas de Chopin (no porque sea gran conocedora de las obras de Chopin sino por el gran aprecio que le tengo a sus piezas), perdió el tempo, se comió algunas notas, etcétera, etcétera; la interpretación que hizo de Liszt también fue deplorable sobre todo en La Campanella, otra vez perdió el tempo, las escalas estuvieron pésimas, su actuación muy sosa y hasta odiosa. A mi parecer la única pieza que estuvo realmente grandiosa fue el Vals capricho de Ricardo Castro pero no conforme con eso y dados los aplausos desconcertantes del público asistente trato (sí, trato pero no lo consiguió) de ejecutar una de las piezas más famosas de Beethoven: Para Elisa y el resultado fue peor de lo que esperaba, fue la interpretación más horrenda, inefable, espantosa y execrable que haya escuchado jamás y no exagero.
