martes, 18 de septiembre de 2012

Lo miserable de nuestra condición.


Con el título, no me refiero a que nosotros, dada nuestra condición humana seamos miserables en sí (esa es otra historia), me refiero a la condición de algunas personas que de verdad no sólo viven en situación de calle, sino que de verdad son miserables (no es una ofensa, ni mucho menos, aclaro): no tener qué comer, ni qué vestir, ni siquiera ser dueño de su propio cuerpo o de sus acciones, es una situación realmente deplorable, en extremo lamentable.

Todo esto salió por un acontecimiento que presencié el día de hoy y que me dejó con mucho, muchísimo malestar: regresaba de la facultad como todos los días, pero ésta vez decidí irme por el periférico; al pasar cerca de la calzada de Tlalpan, en una acera, vi a un señor, o muchacho (no lo sé con certeza, aunque lo estuve mirando detenidamente) que debido a su condición, no podía moverse mucho al caminar, sufría de espasmos musculares muy intensos, estaba sucio, quizá tenía varios días sin comer (tampoco lo sé), pero lo peor de todo no era eso, lo que realmente me conmocionó era su estado de invisibilidad para los otros, al parecer nadie lo veía, ni lo escuchaba (y eso que gritaba fuerte), era completamente invisible.

Realmente me causó mucha pena el no poder ayudarlo, pero más pena (en el sentido más gacho de la palabra) me dio que lo ignoraran, que simplemente se le tomara como un ente abstracto y etéreo al cual ni se le ve, ni se le toca ni se le ayuda, simplemente no está, no existe.

Las manos quietas...


Hoy, que iba a la escuela (con muy buen humor, ¡qué novedad!) escuché en el transporte público una cancioncita que era de mi época, su nombre: Las manos quietas; así que cuando  llegué a la facultad, subí al tercer piso, donde se encuentra el aula en la que tomo clase, y vi a uno de mis amigos que estaba solito esperando a que llegara el profesor, me le acerqué sigilosamente y le pregunté con toda educación: "Oye güey, ¿conoces una canción que se llama Las manos quietas?, su respuesta me dejó totalmente anonadada, me dijo que ¡no! tal fue mi sorpresa que cuando llegué a casa, lo primero que hice fue preguntarle lo mismo a unos amigos que tengo en el Facebook y me dijeron lo mismo: ¡No!, por lo que me di a la tarea de preguntarle sus edades... no pasan de los 20... Sentí feo, aunque son unos pocos años de diferencia. Soy más vieja que ellos, y no solo eso, estoy pasada de moda. ¡Genial!
 
 

 

domingo, 16 de septiembre de 2012

Así dijo: Tales de Mileto.

"Todo está lleno de dioses."

Encomillado...



Me he prohibido usar comillas ''.....'' para evitar pensar en tu cadera...

Adiós.

¿Quieres que conservemos una dulce memoria de este amor?, pues amémonos hoy mucho y mañana ¡digámonos, adiós!
 
- Gustavo Adolfo Bécquer.
 
 

Recordatorios o Ash, esta gente...


Nunca me habían mentado la madre por teléfono (bueno, este año no... bueno, no este mes). La llamada resultó ser de una mujer que imagino se ha de haber equivocado de destinatario y de no haber sido un error, por deducción y obviedad  la agresión iba directamente hacia mí. En primera, sería incapaz de hablarle a una persona exclusivamente para recordarle a la progenitora y en segunda, que es raro, así estuviera celosa, no lo haría, simplemente por amor propio y es que no soy de las personas que sufren por amor, el amor sufre por mí. Muy diferente.
Por cierto, tengo identificador de llamadas e investigaré el numerito y en caso de que siga la molestia tomaré acciones legales por hostigamiento.